Con quien más tuvimos contacto fue con Maritza, una anfitriona croata fanática de la limpieza, que nos convidó un licor casero extra-fuerte que bebimos con gusto junto a ella y una pareja italiana en el jardín de su casa, en la cálida noche de verano.
A la mayoría de estos lugares se llega preguntando. Hay carteles que indican SOBE (son totalmente legales y regulados). Así que uno puede llamar a la puerta, o dar con ellos mientras toman aire en el portal de la casa (o en verdad lo que esperan es que un potencial inquilino aparezca, qué más da). A veces llegábamos a algunos por preguntar a alguien, y este te presentaba a un amigo, que te presentaba a un conocido y este te alojaba en su casa. Y qué lindas casas. Había hasta apartamentos, con cocina y balcón, con vistas al mar. Por sólo 15€/20€ por persona la noche (nunca pagamos más de eso).
Camino de los lagos de Plitvice, paramos por la noche en una casa muy muy linda, donde al día siguiente nos sirvieron el desayuno en el jardín: pan casero, queso, jamón ahumado, mermeladas y hasta néctar casero de manzana (delicia). Eso sí, ojo que las abejas croatas gustan mucho del jamón dálmata y se lo devoran (en serio).


